Ayer por la mañana entró en la farmacia un chico feliz. Llevaba una caja de bombones y una sonrisa de oreja a oreja que iluminaba toda su cara. Dejó aparcada su bata de farmacéutico y no se puso a trabajar; también dejó los bombones y, con su sonrisa puesta, se fue al hospital. Allí le esperaba, con tan sólo dos días de vida, Lara...su princesita...
Felicidades Manuel. Y gracias por los bombones.
No hay comentarios:
Publicar un comentario